Después de la hora y media del Madrid-París, el tránsito y las esperas y las 10 horas del París-Mahé… ¡por fin hemos llegado a las Seychelles! Desde Mahé, hemos cogido otro vuelo que en 15 minutos nos ha llevado a nuestra primera escala en estas vacaciones: Praslin.

¿Primeras impresiones? Nos recuerda mucho, muchísimo, a la Polinesia: el aeropuerto era igual de ‘relajado’, las casas en las laderas mirando al mar, los colores de las playas, la vegetación… una maravilla. Y eso que hoy ha estado todo el día medio nubladillo.
En el aeropuerto nos han venido a buscar los del hotel Chateu des Feuilles y nos han llevado en coche hasta allí. Después de invitarnos a un par de cócteles de frutas de bienvenida, no permitirnos que nos estresáramos haciendo el check-in (nosotros sentaditos en unos sofás blancos, mirando al mar… ellos, haciendo el papeleo) y enseñarnos todas las instalaciones del hotel, nos han dado la habitación (¡y eso que era muy temprano). ¡Y qué habitación más chula, señores! La terracita mirando a los jardines y el mar con techo de hoja de palmera es brutal, maravillosa… como la habitación entera:
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Nos hemos duchado, dormido un ratito y sobre las 14h hemos ido a comer. Luis ya ha probado un plato típico de la zona, un pescado ahumado, mientras que yo me he decantado por una croque monsieur criolla que estaba de vicio. Y después de comer y hacer trámites en recepción (coger excursión mañana a la isla de las tortugas y el sábado a la isla privada), hemos ido paseando hacia una playa solitaria cercana al hotel… ¡y qué pasada! Las piedras típicas que parecen de cartón-piedra os podemos decir que no lo son, que son piedras reales, jejejeje… Ha sido un lujo bañarnos los dos solitos, sin nadie que molestara, en una cala de palmeras y arena blanca con sus piedras de cartón-piedra. Otra vez (y creo que va a ser la palabra de las vacaciones, jejejejee) MARAVILLOSO.
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No puede faltar nuestra típica auto-foto (esta vez estrenando carcasa acuática):
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Al volver al hotel, aproximaba tormentaza así que hemos decidido subir al yacuzzi (que está en la cima de la montaña, desde donde tienes espectaculares vistas de la zona y de islas próximas como La Digue) a relajarnos un poco.
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Finalmente, justo cuando hemos vuelto a la habitación ha empezado a caer una tormenta de verano (¡aunque aquí es invierno!) de lujo y ha sido precioso poder disfrutarla desde nuestra terraza, :)))))
Ahora en un ratito nos iremos a cenar y a tomar algo en la terraza más chill-out que he visto en mucho tiempo, jejejejee.
Besotes y hasta mañana,
Laura y Luis

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