Esta mañana, después de desayunar, hemos ido a comprarnos una «easy card» de 7 días con la que podemos utilizar el transporte público de Miami libremente. El sitio de venta exclusiva era taaaaaan peculiar y taaaaaan Miami a la vez: unos señores cubanos charlando y jugando a las máquinas, unos ventiladores (y el sitio en general) llenos de roña y polvo, carteles del año de la catapún, todo hecho un desastre y un señor detrás de la ventanilla que nos ha recibido con un «díganme» (y no habíamos hablado, así que no sabía que éramos españoles). Eso sí, un gran iMac presidiendo su mesa. Toma ya (pero en reposo). :)

Después de comprar las tarjetas, hemos ido a coger el bus S que nos llevaba a Downtown Miami. Estábamos un poco nerviosos porque íbamos con el cochecito y claro el Stokke tiene mogollón de cosas buenas pero ni plegado parece plegado ^_^, así que para que pareciera un poco más plegado hemos separado la silla del chasis (Luis iba cargando con todo, además de la mochila de su cámara). Pero no hemos tenido ningún problema y un ratito más tarde nos hemos bajado en el extremo norte del Downtown, en Omni Station. Desde allí hemos ido andando hasta la marina que hay justo al lado de la MacArthur Causeway, ya que ahí está el edificio que utilizan en las últimas temporadas de Dexter como sede de la Miami Metro Police.

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Y no, no es nada especial. Y no, no tiene nada de gracia. Y no, tampoco está el Slice of Life en esa marina (y este chiste ya lo hemos usado). ^_^

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Desde allí, hemos pasado por el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, el Bicentennial Park (invadido por la troupe del Circo del Sol, que tienen aquí en Miami un espectáculo del que nunca había oído hablar, y eso que es de los itinerantes: Kooza), el American Airlines Arena (sede de los Miami Heat) y la Freedom Tower, uno de los dos edificios que hay en Miami cuya parte superior es una copia de la Giralda de Sevilla. O eso dicen, jajajajaja. La torre de la libertad, o Freedom Tower, fue un centro desde el que se procesaban todos los inmigrantes que entraban por el sur y que solo en los años 60 vio a más de medio millón de cubanos. La isla de Ellis de Miami, vaya.

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Desde allí, hemos ido a Bayside Marketplace que ha resultado ser un poco decepcionante. Lo habíamos visto en Dexter también (o nos habían hecho creer que era eso, porque cuando uno se informa se da cuenta de que más y más cosas de Dexter se graban en California y te hacen creer que es Miami). Pequeña marina desde la que salen los barcos turísticos, tiendecitas y bares/restaurantes.

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Ahí le hemos dado la comida a Eric, hemos tomado un poco el sol y hemos decidido que no era tan interesante como para dedicarle más rato (sí, había un Hooters, pero tampoco es para tanto :D –> comentario de Luis, of course), así que desde ahí hemos cogido el maravilloso Metromover. ¿Que qué es el Metromover? Pues un tren ligero elevado completamente gratuito. Y es increíblemente práctico. De verdad os lo digo, un aplauso para Miami. El Metromover tiene unas 3-4 líneas y te permite moverte por el centro de Miami de una forma divertida, ya que la perspectiva que se tiene desde las alturas, pasando entre rascacielos, etc, ¡es divertido! :)

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Y nos hemos bajado en la parada de 8th street, desde donde hemos andando un par de manzanas hasta encontrar el restaurante al que queríamos ir hoy: el Burger and Beer Joint. Y qué bien hemos comido! Luis ha tomado la «Stairway to Heaven» (10 onzas de buey de Kobe con 3 onzas de foie a la plancha y una salsa trufa entre otras cosas, acompañada de patatas fritas con grasa de pato) y yo una Mustang Sally (buey de Kobe también pero «sólo» 8 onzas, con mermelada de cebolla roja, queso brie y otras cositas), acompañadas de cervecitas ricas, que tienen una lista con 99 variedades. Además, unos mini corndogs para compartir de entrante. Las botas nos hemos puesto.

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Y Eric también se ha puesto las botas probando la hamburguesa y, especialmente, las patatas fritas. Le han gustado… ¡mucho! :) La camarera que nos atendió, Lourdes, una uruguaya fue muy simpática, y Eric aprovechó, como hace siempre, para regalarle sonrisas a tutiplén.

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Eso sí, al salir Eric se ha quedado frito…

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Y nosotros hemos decidido adentrarnos en Little Havana, así que tranquilamente hemos seguido paseando por 8th street pasando bastaaaaaantes manzanas hasta llegar al barrio más cubano cuya calle principal deja de llamarte «8th street» y pasa a llamarse «Calle 8«, ^_^, y se llena de bares ofreciendo café cubano, restaurantes colombianos y hondureños, tiendas completamente latinas, señales y carteles en español (y no en inglés) y un ritmo completamente diferente.

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Y hemos empezado formalmente nuestra visita por Little Havana en la SW 13th Ave donde está el Cuban Memorial dedicado a todos los muertos y luchadores anti-Castro: la Llama eterna en honor a la brigada 2506, un mapa de Cuba dedicado a los que quieren una tierra libre, un busto de José Martí y una estatua de la Virgen María delante de un enorme árbol ceiba (muy utilizado por los santeros cubanos de la zona).

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Desde allí, hemos seguido por la Calle 8 hasta llegar al pequeño Parque Máximo Gómez, lleno de mesas y sillas para jugar al dominó. Y lleno de abuelos y abuelas cubanos jugando al dominó, claro. Muy auténtico. Al lado, hemos visto el Tower Theatre y el Art District (lleno de galerías de arte latinoamericano), Por el suelo, el Walk of Fame de Little Havana: estrellas con nombres de personajes latinos importantes por toda la calle.

Nos hemos acercado hasta la SW 18th Ave para ver un restaurante que habíamos visto en la tele, El Rey de las Fritas (fritas son hamburguesas cubanas), pero estábamos llenos así que lo dejamos para otra ocasión. Hemos cogido la SW 17th Ave dirección norte y andando 8 calles hasta llegar a la Plaza de la Cubanidad, que es una pequeña plaza dedicada a todos los cubanos muertos en la lucha, pero muy especialmente a los que murieron ahogados intentando escapar de Cuba en 1994 en el barco «13 de Mayo» (que se hundió cerca de la costa). Vamos, que se respira el «anti-Castrismo» en la pequeña Habana de Miami.

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Desde allí, hemos hecho una pequeña locura: hemos cogido W Flagler Street dirección Downtown y ale, a andar. No puedo contar cuántas manzanas hemos andado. No puedo porque no quiero. Prefiero no saberlo, así me duelen menos los pies y las piernas, jajajaja. Eso sí, ha sido un paseo chulo, lleno de bares y cafeterías hondureños y colombianos, restaurantes ofreciendo fritanga, tiendas rarunas y muchísimo latinoamericano. Así que aunque haya sido un paseo largo, ha merecido la pena.

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En un momento dado, sin embargo, nos hemos equivocado de camino (o quizás no lo había porque de Flagler salía una autopista elevada y la que no era elevada no seguía recto porque teníamos delante el río de Miami, que va a dar al mar) y hemos ido a parar al José Martí Riverfront Park donde le hemos dado la merienda a Eric y hemos disfrutado de las vistas: el río Miami, la autopista por encima, los barcos, la luz del sol poniéndose y reflejándose en los ventanales de los rascacielos… muy bonito. Si hasta hemos visto cómo se levantaban varios puentes para dejar pasar un carguero bastante grande :)

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Al final hemos acabado donde habíamos empezado, en la parada de Metromover de 8th Street. Sí, señores, así hemos dado final a un paseo de 8 kilómetros. ¡Ya podíamos estar cansados ya! Que sumados a los 2,5 kilómetros andados por el Downtown, glups, nuestras piernas se han llevado una buena… ¿por qué nos gustará tanto pasear cuando turisteamos? Así que cansados hemos cogido el Metromover hasta Bayfront Park, ya que Luis intuía que allí había una parada de nuestro autobús S. Y efectivamente ahí estaba la parada (plas, plas, Luis!). Hemos subido al bus (donde Eric se ha tronchado de la risa y ha hecho sonreír a medio autobús gracias a las tonterías que le hacía una niña sentada enfrente) y en 20 minutos hemos llegado al hotel, cansadísimos. Yo, de hecho, me he quedado frita antes de cenar y al final, viendo que Eric también estaba medio ko (qué paliza, pobre) Luis ha salido ha comprar unos sandwiches y hemos cenado aquí en la habitación (por cierto, el peque se ha quedado frito automáticamente y ni se ha movido todavía, pobreeeeee!). Y a dormir tempranito, que esto de turistear cansa.

Besotes
Lau, Luis peleándose con su iPad y Eric fritísimo en su cunita.

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