Viernes 29 Octubre

Highlights del día: St. Paul’s Cathedral, Blackfriar’s Bridge, Tate Modern, Millenium Bridge, The Monument, Tower of London, London Bridge, St. Katherine’s Dock, BA London Eye, Westminster’s Bridge, Big Ben y The Houses of Parliament, Westminster Abbey, Whitehall St, 10th Downing Street, Horse Guards Parade, Trafalgar Square, Picadilly Circus, Leicester Square, Chinatown, Regent St, Oxford St, Tower 42, Gentelmen’s Club (East India Club).



El día se despierta muy nublado, así que cogemos nuestros paraguas y dejamos algunas visitas programadas para el próximo día (por si acaso llueve). La casa de Matthew está situada entre dos estaciones de metro: Dollis Hill (zona 3) y Willesden Green (zona 2). La diferencia de distancia no es muy grande, así que andamos hasta Willesden Green para comprar una one-day travelcard de tan sólo 2 zonas, que sale más barata, y tal como están los precios por aquellos lares, todo ahorro es poco!

Con nuestro «multipase» (al más puro estilo «El quinto elemento» ^_^) llegamos hasta la Catedral de St. Paul’s. Sin embargo, al acercarnos, podemos ver que la catedral está completamente cubierta de andamios. Entramos de todas formas, decididos a comenzar nuestro tour turístico, y vemos que la entrada costaba 7 libras (¡más de 11 euros!) y que encima el interior también estaba lleno de andamios… y tal cual, decidimos dejar la visita para otra ocasión (para otro año, se entiende…). No merecía la pena pagar tantísimo (mira que es caro, eh…) para no poder disfrutar al 100% de la catedral.

Aprovechando que no llueve, damos un paseo por las callejuelas que rodean St. Paul’s y llegamos a uno de los puentes que cruzan el río Támesis, el Puente Blackfriar’s. Lo cruzamos decididos y por la rivera sur del río paseamos hasta llegar al edificio del museo de arte moderno Tate Modern. Este edificio que hasta 1986 fue una estación eléctrica, fue diseñado por Giles Gilbert Scout después de la Segunda Guerra Mundial y actualmente da cobijo a una de las colecciones de arte moderno más populares e importantes del mundo (y además es uno de los pocos sitios en Londres que es gratis, jejeje).

Enfrente del museo Tate Modern hay otro puente, el Puente Millenium, una de las obras arquitectónicas que la ciudad de Londres construyó para celebrar la llegada del nuevo milenio. El puente, moderno y estrecho, fue diseñado por Norman Foster y Anthony Caro. Tiene 350m de largo y 4m de ancho. Sin embargo, el Millenium Bridge empezó con mal pie, ya que justo el día de su inauguración, se descubrió que el puente se movía y se balanceaba (con más violencia cuanta más gente pasaba, y un poco de balanceo es hasta normal, pero lo de este puente era excesivo). Así pues, el puente estuvo cerrado al público durante varios meses mientras se investigaba y modificaba su estructura, aunque actualmente es uno de los puentes peatonales más utilizados y admirados de todo Londres.

Después de cruzar el puente y bromear sobre su balanceo, los dos seguíamos con ganas de pasear (aprovechando que seguía sin llover), así que decidimos ir andando por la rivera norte del Támesis hasta llegar a la Torre de Londres (básicamente fue un «cogemos metro o vamos andando? Que le den al metro!!!!»). Por cierto, que merece especial mención un edificio todo de cristal justo al cruzar el puente que hemos dicho, que son las oficinas centrales del Ejército de Salvación, y cuando digo que es todo acristalado, me refiero a todo, hasta por dentro. De hecho, paseando por la calle se podía ver a un grupo de gente en una sala de reuniones, y se podía hasta leer el contenido de las transparencias que estaban discutiendo!!!!

De camino ya a la Torre de Londres nos topamos, sin esperarlo, con The Monument, un monumento diseñado por Sir Christopher Wren para conmemorar el Gran Incendio de Londres (de 1666) que se originó en una panadería de una calle cercana y que destruyó la ciudad completamente. Actualmente, sirve también como mirador para los turistas, aunque nosotros no subimos, ya que nos parecía demasiado caro paro la altura del monumento.

Dejamos The Monument atrás y seguimos andando hasta llegar a la Torre de Londres (Tower of London), uno de los edificios más importantes de la ciudad que se erigió en 1078. Actualmente, tras muros de la Torre de Londres se encuentran las famosas Joyas de la Corona, aunque antaño el edificio sirvió de residencia real, almacén de arsenal, o incluso prisión!. De hecho, paseando alrededor del edificio, pudimos observar algunas puertas, como la Traitor’s Gate, por donde entraban los presos desde el río (aunque ahora al nivel del agua cubre por completo la compuerta exterior, y la interior es visible porque se ha excavado y está por debajo del nivel del suelo).

En la Torre de Londres pudimos observar y fotografiar a los famosos «Beefeaters» (no, no son botellas de ginebra!) y ¿a que no sabéis de dónde procede este particular nombre para denominar a los Yerman Warders? Pues fácil: estos guardias recibían cada día una ración de beef (vacuno), un tipo de carne muy cara y fuera del alcance de los más pobres en el siglo XVII.

Desde los exteriores de la Torre de Londres, pudimos observar la grandeza y espectacularidad del puente Tower Bridge, construido en 1894. Subimos al puente y admiramos la vista de Londres desde el mismo (haciendo muchas fotos, ¡claro!). Llevábamos mucho rato andando, así que decidimos adentrarnos en el St. Katherine’s Dock (mini puerto deportivo) para tomar algo en un Starbucks bastante impresionante, todo redondito él (Luis probó el «Chocolate Mint Bliss», una de las tres especialidades navideñas que ya hay en los Starbucks de allí… ¡ñaaaaami!). Y sí, habéis oído bien, navideña… Es que allí son más locos que en España en lo referente a la llegada temprana de la Navidad…

Descansados y con energía renovada, cogimos el metro hasta la estación de Westminster. Allí, desde el puente Westminster Bridge tuvimos una excelente vista del London Eye, la espectacular noria «del milenio» situada en la rivera sur del río Támesis y que con sus 135m es la noria más grande del mundo. La noria fue construida como celebración del milenio y los planes eran de cambiarla de sitio unos años después, pero actualmente es una de las atracciones turísticas más admiradas y también queridas por los londinenses, así que todo apunta a que el London Eye seguirá ahí por mucho tiempo, a pesar, eso sí, de que es, como todo, mega-carísimo subirse. Pero las góndolas son impresionantes, porque caben unas 20 personas en cada una, y son para estar de pie, no sentados…

Después de las fotos de rigor, paseamos por el puente Westminster Bridge hasta llegar a los pies del famoso reloj Big Ben y The Houses of Parliament, una vista fantástica. Yo, Laura, he estado allí mil veces y siempre sigue atrayéndome, siempre sigue pareciéndome un espectáculo para los ojos. Además de que el estilo arquitectónico de todo el conjunto es poco menos que espectacular.

Enfrente del Big Ben y del Parlamento, encontramos la Abadía de Westminster, aunque en esta ocasión no entramos a visitarla (ya que la entrada es, una vez más, extremadamente cara: otras 7 libras, y decidimos que las va a pagar la madre del topo…).

Fotografiando las rojas cabinas de teléfono, los antiguos autobuses rojos y los famosos taxis negros, subimos andando por la calle Whitehall, donde se encuentran la mayoría de edificios oficiales del país. A nuestra izquierda, nos encontramos con la casa del prime minister, 10th Downing Street (muuuuuy a lo lejos se ve la famosa puerta negra… hay que forzar la vista para verla! ^_^). Cabe destacar, sin embargo, que actualmente Tony Blair y su familia viven en el número 11 que es mucho más grande y espacioso que el número 10! Por cierto, que fue bastante decepcionante, porque en las películas y en los telediarios, siempre te lo enfocan de cerca, pero cuando llegas, ves que la calle está cortada, con vallas y con un montón de policías, con lo que casi ni se ve… No en vano me tuvo que decir Laura que ahí estaba la casa de Tony Blair, porque aunque me extrañó ver tanta gente agolpada ante una verja, no sabía que ahí estaba todo el tinglado ese… :D

Seguimos andando hasta llegar a Horse Guards Parade, donde tuvimos la suerte de disfrutar del cambio de guardia (mucho más visible y accesible que el de Buckingham Palace) de las tropas de Household Cavalry. Fue divertido ver como los soldaditos intentaban caminar sin hacer demasiado el ridículo con esos pedazo de botas de montar que hacen que caminar con ellas sea complicadísimo, y más si tienes que hacer como ellos, que marcan mucho los pasos y antes de cambiar de sentido al caminar dan unos pisotones muy ridículos jejeje. Desde el interior del edificio, vemos una esquina del parque St James’ (que visitaremos otro día).

Hambrientos, seguimos subiendo la calle Whitehall hasta llegar a la plaza Trafalgar Square (con la famosa Nelson’s Column y la Nacional Gallery al fondo) y finalmente, de camino a Picadilly Circus, paramos a comer en un buffet de pizza, ensaladas y pasta de Deep Pan Pizza (¡era de lo más barato!). Después de comer, paseamos hasta llegar a Picadilly Circus, donde Luis se decepcionó un poco, pues la fuente de Eros y los carteles publicitarios de neón le parecieron demasiado pequeños, ^_^. Aunque ya os pondremos una foto para que vosotros también lo veáis… Por allí esta el Japan Centre, un lugar con un restaurante, librería, y supermercado japonés, y donde los japoneses de Londres pueden dejarse anuncios para compartir piso, y para mil millones de cosas. Por esa zona también había una tienda interesante de dulces japoneses… En la foto, podéis ver Picadilly Circus… No será tan grande como Luis esperaba, pero aun así, es bastante impresionante.

Desde Picadilly Circus, andamos hasta la plaza Leicester Square, donde investigamos un poco precios y horarios de musicales en el West End londinense (es que estar en Londres y no ir a un musical nos parecía pecado jejeje). Finalmente, nos decidimos por uno de «los grandes»: Les Misérables, que lleva en Londres desde el año 1985. Con las entradas para el sábado bien guardaditas en la mano (sobre todo porque eran las dos únicas que quedaban de patio, y estaban perfectamente situadas, ergo nos costaron los dos ojos de la cara, los riñones y alguna otra cosa más), nos adentramos en Chinatown, un barrio completamente chino… ¡hasta los carteles de las calles están en chino!

Habíamos quedado con Matthew a las 19h, así que paseamos por una de las calles más importantes de la ciudad, Regent St, hasta llegar a Oxford St, ambas llenas de tiendas y de gente, y sobre todo, todo lleno de decoraciones navideñas, con guirnaldas en los escaparates, con bares diciendo que se reserven ya las fiestas de Navidad… bufff, qué estrés, si todavía quedan dos meses!!!.

Nos encontramos con Matthew en la estación de Bond St y los tres juntos fuimos en metro hasta los pies del edificio más alto de Londres, la Torre 42. En su último piso hay un bar muuuuuy pijo, Vertigo 42, que con forma circular ofrece una gran vista de la ciudad, y al que se llega por un ascensor dedicado que va desde la planta 1 hasta la 42 (y tras pasar por un detector de metales y tener que acceder con unas tarjetas magnéticas). El bar es muy pijo (¡qué preciooooos!), lleno de abogados, economistas y demás profesiones de la City, conocido como un «champagne bar» (¡aunque la botella de champagne estaba carísima!). La carta de bebidas estaba casi exclusivamente copada por los champagnes, como era de esperar, y creo recordar que el más caro costaba casi 400 libras (más de 100.000 pesetas!!!). Luego, en la mini carta para comer, era curioso ver la sección de caviar, en la que había hasta de tres tipos diferentes, costando el Beluga 66 libras por 30 gramitos de nada…

Después de tomar unos refrescos (todo lo demás era demasiado caro, ^_^) y disfrutar de la vista que nos ofrecía estar en la cima del edificio más alto de Londres, cogimos el metro otra vez y nos acercamos al Gentlemen’s Club al que pertenece Matthew, en concreto, el East India Club, que aglutina a todos los colegios privados del país, algunos que datan del año 600 dC!!!!. Luis recibió una visita guiada completa por el Club y pudo entrar en diferentes salas exclusivas sólo para hombres: la Biblioteca y la Sala de Fumadores.

En la Biblioteca, es impresionante la colección que tienen de volúmenes antiguos. Yo cogí uno al azar, que tenía el lomo un poco estropeado, y miré la fecha de edición, y ponía 1840!!!! Luego, la Sala de Fumadores era como el salón en el que esperamos a entrar a comer, sólo que en uno se puede fumar y sólo pueden entrar hombres, y en el otro no se fuma y pueden entrar mujeres también.

Los tres nos dirigimos, pues, tras esta mini visita guiada, al salón-bar de la primera planta y nos tomamos algo mientras hacíamos tiempo para bajar a cenar al comedor. A las 21h, más o menos, bajamos al comedor para cenar… ¡y vaya cena! Fantástico… Laura comió de primero «mayonesa de cangrejo con salmón y aguacate» y de segundo «Cordero con salsa de comino». Todo extremadamente delicioso… ¡cómo disfrutó! Mientras que Luis, comió de primero «salmón escocés ahumado en roble y curado al estilo londinense», de segundo «slow roasted veal with gravy» (el nombre era todavía más largo, lo juro) y de postre tarta de chocolate con salsa de vainilla, y también estaba todo riquísimo!. Además, en el caso de Luis, todo lo preparon delante de él, lo que dio un cierto toque de distinción a todo el tema. Aspecto curioso era el que sólo la carta del miembro del club lleva los precios, ya que se supone que él es el que paga todo, mientras que nuestras cartas no decían nada de precios… jejeje.

Después de cenar tranquilamente y charlar de todo y nada en particular, subimos al bar otra vez a tomarnos una última copa antes de volver a casa y caer redondos en la cama… ¡vaya primer día!

Good night!

Lau y Luis

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