Cuando fui por primera vez a Bilbao, hace millones de años, me enamoré del Guggenheim, tanto del edificio en sí como de las distintas colecciones de arte moderno que vi allí dentro y que tanto disfruté. Y esta segunda vez tampoco me ha decepcionado, me ha gustado más si cabe.

Guggenheim

La colección permanente La materia del tiempo de Richard Serra me volvió a alucinar, las nueve columnas de LEDS de la sala 101 de  Jenny Holzer me volvieron a despertar las mismas preguntas y el Puppy de Jeff Koons me volvió a maravillar. Pero esta vez en la colección permanente había dos obras más que no había visto en directo en mi primera visita al Guggenheim: Los tulipanes, también de Koons, que me parecieron increíblemente increíbles (parecen globos de colores a punto de salir volando y resulta que están hechos de acero, ¡pesadísimo! Me alucina, me alucina el efecto) y Mamá de Louise Bourgeois la famosa araña que, como dice la definición del propio museo «aborda la cualidad dual de la maternidad: la araña emplea su seda tanto para elaborar capullos como para atrapar a sus presas«. Visto así tiene su punto y la escultura es espectacular, sin duda, aunque no me mueve tanto como Serra o Koons.

Guggenheim

De la colección actual que vimos esta vez, quiero destacar un par de obras de «El Intervalo luminoso«, la colección de D.Daskalopoulos Collection, como son la frikada Palms de John Bock y la genial Hombre Cavernícola de Thomas Hirschhom (una catacumba creada con cinta americana y materiales comunes como revistas, pintura, etc), aunque toda la colección en sí es totalmente recomendable. De verdad os lo digo, fue una de las que más disfruté. Por el contrario, Caos y Clasicismo (Arte en Francia, Italia, Alemania y España, 1918-1936) me pareció bastante floja… o probablemente es que no es el tipo de arte que me toca y me gusta.

Sólo para ver el Guggenheim merece la pena ir a Bilbao, pero Bilbao es más, mucho más (¿se nota que me encanta esta ciudad?). Sólo el Casco Viejo merecería cuarenta posts con cuarenta fotos, es simplemente maravilloso. Todos los arreglos que han hecho en la ría hacen que puedas disfrutar de un paseo estupendo. Las colinas tan cercanas y tan verdes que ofrecen esos desniveles algo desmesurados, a veces… Y esos pintxos, esos bares de pintxos, señores, ¡que se me hace la boca agua sólo de recordarlos! Buf, me da para muchos posts, eh?

Gracias Bilbao. Gracias por todo lo que nos ofreces y por dejarnos disfrutar tanto de ti.

Un beso,

Lau

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