¡Ya estamos de vuelta! Después de pasar 8 días en la maravillosa ciudad de Chicago, ya volvemos a estar por los Madriles… ¡y mañana vuelta al curro! ¡Qué pereza! Pero todo lo bueno se acaba y estas vacaciones no iban a ser una excepción, :( , así que os cuento muuuuuy resumidito qué hemos hecho estos días, ok?

Photobucket

Os prometo que intentaré subir crónica de todo con fotos y demás pronto, pero ahora mismo… esto es lo que hay, ^_^:

Domingo 28 de diciembre: A las 8:20h sale el vuelo hacia Amsterdam y a las 15:45h el vuelo hacia Chicago… todo puntual y sin problemas. El vuelvo se hace un poquito largo, no tenemos pantallas individuales, está a rebosar, en fin, esas cosas de la clase «turista», :)))) Pero al final llegamos a Chicago sin problemas. Cogemos un taxi y lo primero que decimos es, «¿dónde está la nieve?». Sí, sí, tal como lo leéis, ¡no había ni pizca de nieve! Un poco alucinados, flipamos con la vista noctura del skyline de la ciudad y llegamos a nuestro hotel, en Park Hyatt Chicago, en plena Magnificent Mile sin contratiempos. Hacemos el check in y… ¡qué pasada de habitación! Es una de las pocas que tiene balcón (mejor dicho, balconazo) que da directo a la Water Tower y a la torre Hancock, así que unas vistas impresionantes… y la habitación es enooooorme. Deshacemos maletas, nos damos una ducha y ale, decidimos ir a cenar algo. Una de las steakhouses más conocidas de Chicago está cerca así que decidimos intentarlo y después de cinco minutos de espera nos sentamos en Gibson’s. Allí cenamos de maravilla: yo me pido «veal chop with rosemary butter» y Luis un «porterhouse», un bicharraco inmenso de 26 onzas con hueso en forma de T que tiene parte de filet y parte de strip loin (o algo así :P), compartiendo conmigo una baked potato enooooorme. Primera noche y primer atracón, welcome to Chicago! El sitio es genial, la comida deliciosa y todo perfecto, eso sí… ¡hace mucho frío! ^_^ Lo bueno es que aguantamos fenomenal y vamos a dormir a la hora «local», a ver si así evitamos al 100% el jet lag

Lunes 29 de diciembre … ¡y vaya si lo evitamos! Yo normalmente las dos primeras noches me despierto a las 4:30h/5:00h de la mañana por culpa del jet-lag pero esta vez… ¡nada de nada! Suena el despertador para ir a desayunar y yo roncando todavía, qué maravilla. El desayuno es en el restaurante NoMI con vistas espectaculares, qué buena manera de empezar el día. Con las pilas puestas, damos una vuelta por el Millenium Park, paseando por todos sus recovecos y haciendo fotos de todo. A la hora de comer, nos decidimos por un clásico de la ciudad, Giordano’s, con su «stuffed pizza»… ¡qué delicia! La pizza tarda unos 40mins en hacerse y como encima hay cola, tardamos 1 hora en empezar a comer, pero merece la pena… Después de comer, vamos hacia el Navy Pier a pasear (sí, con el frío que cae todavía nos apetece ir al lago a pasear… tamos locos) y a ver las vistas del skyline de la ciudad al atardecer, y aprovechamos para subirnos a la noria (patrocinada por McDonalds, donde le piden a Luis que haga unas fotos confundiéndole con el fotógrafo oficial :P). Para recuperar temperatura, volvemos al hotel y nos damos un baño en la piscina y en el yacuzzi… ¡esto es vida! Acabamos tan atontaíllos que al final cenamos cualquier cosa y a dormir…

Martes 30 de diciembre: Empezamos el día de shopping por la Magnificent Mile: que si Macy’s, que si Levi’s, que si Guess, que si patatim, que si patatam… Después de dejar las bolsas en el hotel (aunque tampoco compramos tanto), pillamos un bus hacia el norte, pues Luis quería ir a un restaurante de hamburguesas llamado Erwin que tiene en teoría la mejor hamburguesa de toda la ciudad, pero al llegar… ¡estaba cerrado! Pero no pasa nada, cerquita hay un mexicano que tiene una pinta impresionante y allá que vamos a ponernos ciegos a margaritas. Luego paseamos por Clark St. hasta el famoso estadio de Wrigley Field, en el que juegan los Chicago Cubs, que el día 1 verá un acontecimiento importante: El Winter Classic – un partido de hockey sobre hielo en el estadio de béisbol. Damos una vuelta por los alrededores del estadio, cotilleamos un poco y luego nos vamos paseando hacia la zona norte de Lincoln Park. Vemos anochecer en la playa… precioso. Volvemos al hotel y, ¡sorpresa! Luis ha perdido las llaves de la habitación, jejejeje, pero la gente aquí es muy maja y no hay problema ninguno. Dejamos los trastos, nos ponemos guapos y vamos a cenar a The David Burke’s Primehouse en el hotel James, donde tenemos una reserva hecha desde open-table. ¡Qué maravilla de sitio! Yo me pido un 28-day dried aged Delmonico Steak y Luis un 40-day dried aged bone-in rib eye… alucinante (es especialidad de este sitio la carne «envejecida», que lo hacen en una sala especial que tienen, con sal del Himalaya). Además la steakhouse es moderna e informal, pero la gente es muy atenta y la comida es de lujo. Total, perfecto. Al salir, ¡sorpresa! Está nevando… no mucho (más bien es un flurry, o como Laura lo llama, un McFlurry) pero algo es algo, que queríamos ver nevar!!!!! :)))

Miércoles 31 de diciembre: Después de desayunar, nos vamos a hacer un walking tour (con nuestra Lonely Planet) por el barrio central de Chicago, el Loop. Nos lo recorremos entero, para aquí y para allá, y a la hora de comer decidimos ir a un famoso sitio de hot dogs en Lincoln Park pero… ¡está cerrado por obras! Ya es mala suerte… volvemos al centro y damos un laaaargo paseo por el río (Riverside walk). Después de pateárnoslo entero, cogemos el tren y nos vamos a la zona del planetario, desde donde hay espectaculares vistas de la ciudad… ¡precioso! Volvemos en bus y paramos en el Millenium Park para ver la Crown Fountain, sin agua, claro, pero encendida… y luego volvemos a subir al bus y vamos a un sitio especial para celebrar la Nochevieja, otro de los clásicos de Chicago: la pizzería Uno, famosa por sus «deep-dish pizza». Allí disfrutamos de una cena de Nochevieja distinta y muy rica, jejejejee y volvemos al hotel, que en la calle hace mucho frío. Nos cuesta, pero al final somos fieles a nuestros planes y cogemos un bus a Navy Pier donde gritamos con muchos otros chicagüenses en countdown hacia el año nuevo y disfrutamos de 15mins de fantásticos fuegos artificiales… frío, pero precioso. Y suerte que la línea 66 que lleva al Navy Pier pasa por delante de nuestro hotel, que sino la pereza hubiera sido demasiada…

Jueves 1 de enero: Pensando en que muchas cosas estarán cerradas hoy, decidimos ir al cercano Oak Park y ver las creaciones de Frank Lloyd Wright y pasear por las calles del pueblo… a la hora de comer, nos decantamos por la hamburguesería Five Guys, muy conocida en todos los EEUU por ser una cadena que cuida las materias primas y que hacen las cosas bajo pedido y delante de ti… ¡qué ricas hamburguesas! Con las pilas puestas, decidimos ir a Wrigleyville (donde se está celebrando el Winter Classic de hockey) y nos metemos en el bar de los aficionados de los Cubs (que ese día aloja a aficionados del hockey sobre hielo, tanto de los Blackhaws como de los Red Wings, ^_^), tomamos una cerveza como el resto y vemos el final del partido… Los Blackhaws de Chicago pierden contra los Red Wings de Detroit, pero bueno, lo hemos pasado bien de todas formas. Por la tarde, damos un paseo nocturno por el Loop, para ver las obras de arte callejeras, etc… :). Lo único malo es la Miller Lite que nos tomamos en el bar para hacer como el resto de la concurrencia (es la única que vendían, ésa y la Bud Lite, al menos en ese momento de locura de gente), y es que sabe a meado de gato :D

Viernes 2 de enero: Intentamos ver algunos de los sitios relacionados con Al Capone pero… básicamente ya no existen, así que cambiamos de plan y paseamos por la zona sur del Lincoln Park (donde vemos el farm-in-the-zoo y la estatua de Lincoln) . Cogemos un bus a los barrios del norte que tanto nos gustan y nos bajamos a comprar camisetas en Threadless. Cogemos otro bus y paramos a pasear por Lakeview y Wrigleyville y allí nos metemos a comer en Goose Island, famoso por sus cervezas y sus hamburguesas. A las 15h, llegamos al planetario con trípodes y todo para afotar el skyline de la ciudad. Heladitos de frío decidimos que ya que tenemos los trípodes estaría bien hacer fotos del Millenium Park de noche y… ¡para allá que vamos! Después de afotar un buen rato, decidimos ir a cenar a un japonés súper fashion cerca del hotel y ponernos ciegos a sushi… ¡ñam! (y de paso dejar un poco de lado la carnaza o la pizza por un día o por unas horas al menos :P)

Sábado 3 de enero: Empezamos el día visitando Chinatown y viendo las vistas de la ciudad desde su parque homenaje a Ping Tom. Después, cogemos el tren y vamos al otro extremo de la ciudad, al barrio sueco (Andersonville) donde comemos en Mary’s Hamburgers y compramos dulces en la Swedish Bakery. Hace mucho frío, así que después de dejar los trastos en el hotel (es decir, cámaras, ^_^) vamos de shopping por Macy’s… y para cenar, nos decantamos por el Rosebud on Rush, un italiano muy molón donde yo hago como todos los americanos en este país (donde fueres haz lo que vieres, dicen, pues ale): no consigo terminármelo todo y me dan el resto para llevar, ¡genial!

Domingo 4 de enero: Damos una vuelta por el Ukranian Village, para ver sus iglesias y sus comercios… es increíble la de «caras» que tiene esta ciudad, qué maravilla. A la hora de comer, vamos a Portillo’s a comernos un típico hot-dog de Chicago (es decir, con encurtidos, con tomate, queso, cebolla picada, etc., y sin ketchup!) y seguidamente tomamos el postre en The Cheesecake Factory, a los pies de la torre Hancock, donde obviamente tomamos cheesecake… :))))) Decidimos darnos un laaaargo baño en la piscina y en el yacuzzi y nos preparamos para el plato fuerte del día: la cena en el Alinea, uno de los mejores restaurantes del mundo con uno de los chefs más reconocidos a pesar de su juventud. ¿Qué puedo decir? Es imposible describirlo. Me daba un poco de miedo, pensaba que el sitio sería como muy «estirado», pero a pesar de lo pijo que es, la gente es majísima, te ríes y disfrutas de la experiencia y… ¡qué platos! Im-presionante. Después del «tour» (con mogollón de platos servidos de mil maneras, con mil sabores y texturas, y todos con su explicación de cómo comerlo, ya que la vajilla está especialmente diseñada para este restaurante y a menudo la comida no viene servida en los típicos platos de toda la vida) yo estaba que no podía más… ¡a punto de explotar! Eso sí, la mejor cena de mi vida… Salimos del restaurante con el libro del restaurante, firmado por el mismísimo súper chef Grant Achatz… ¡toma ya!

Lunes 5 de enero: Hace un día espectacular, así que nos viene de perlas haber dejado la subida a la torre Hancock para hoy, último día en Chicago. Subimos hasta el Signature Lounge, donde nos tomamos un cocktail y hacemos fotos de la ciudad… una maravilla, simplemente espectacular. Al bajar, vamos a Giordano’s. Nos despedimos de Chicago con una fantástica pizza «stuffed»… hacemos el check out, vamos al aeropuerto, pasamos controles, colas, retrasos y tenemos la sorpresa de que nos han puesto en business… ¡ya era hora! La verdad es que a pesar de estar en un avión y demás, se nota el cambio!!!! Dormimos como lironcillos, llegamos a Amsterdam, cogemos el vuelo para Madrid y… aquí estamos, hoy martes 6 de enero, de vuelta a casa.

En fin, Chicago nos ha encantado. Queremos volver, en verano, para ver la ciudad desde otra perspectiva, pero definitivamente queremos volver… nos han quedado cosas por hacer y cosas que queremos repetir, así que volveremos. Además, como apunte, comentar que es en la ciudad (de todas las que hemos estado) donde más hemos oído/hablado/leído español… y, me alegra decirlo, un español ‘correcto’ (no como en Los Angeles o Las Vegas, donde las faltas de ortografía daban miedo)…. y también tengo que decir que es donde la gente nos ha resultado más simpática, acogedora, natural, abierta… ¡qué maravilla! Todo el mundo te habla, te cuenta, te dice, te recomienda, te ayuda, te sonríe… está guay.

Besotes!
Lau y Luis

Share