Comenzamos las crónicas del viaje que realizamos al norte de Japón en agosto de 2012 y que hemos decidido titular «El Retorno de Gojira» por aquello que las crónicas del primer viaje de Eric ha Japón se llamaron Gojira en Japón, jejejejeje… Vamos allá.

Martes 31 de julio de 2012

Si tuviéramos que definir este día diríamos que fue un día largo, larguísimo. Empezamos muy temprano por la mañana (¿madrugada?) cuando un taxi especial vino a buscarnos para llevarnos a la T2 del aeropuerto de Barajas donde facturamos rápidamente para nuestros vuelos con Air France. Un detalle: por especificaciones del aeropuerto de París Charles de Gaulle tuvimos que facturar el cochecito con las maletas y fue directo hasta el aeropuerto de Narita (Tokio).

Preguntamos por qué era así al personal de Air France, pero no supieron decirnos nada específico, así que no tenemos más información… Por suerte, Eric ya es lo bastante mayor como para aguantar sin el cochecito durante el tiempo de espera entre vuelos. Total, facturamos maletas y cochecito, pasamos el control de pasaportes y de seguridad bastante rápido y desayunamos mientras hacíamos tiempo para nuestro primer vuelo a París. Pasó el tiempo bastante rápido y el vuelo también fue bien.

Totoro, comida, Eric, ojos

Totoro, Eric y el desayuno en el avión

Al llegar a París y volver a pasar el control de pasaportes y de seguridad y andar un poquito… ¡malas noticias! Nuestro vuelo a Narita tiene 5 horas de retraso, al parecer por cambio de avión, y es que como volamos en un A380, no es tan fácil encontrar otro para que nos lleve y hay que esperar a uno que viene a París y que tardará eso en llegar, 5 horas. ¡Toma ya! ¡5 horas! ¡5! Resignados vamos a la puerta de embarque, nos dan unos tickets para comer y decidimos utilizarlos.

El único sitio es un café horroroso lleno de franceses maleducados y una comida de mierda. O quizás no toda la comida fuese de mierda, pero lo cierto es que lo único que entraba con esos vales era bastante porquería. Total, comemos algo para que al menos les costemos dinero pero acabamos pasándonos las 5 horas en la zona de juegos infantil, donde Eric se hace amigo de un par de niñas japonesas y no para, espídico, de jugar y de darles besos y abrazos. No estábamos en Japón y él ya estaba ligando con japonesas :)

Trenecito

Jugando al trenecito

Eric y la nena 2

Haciendo reír a la pequeñaja

Que se canse, que se canse, pensamos. Y vaya si se cansó, corriendo y jugando como un loco durante 5 horas. Cuando por fin nos pusieron en la cola para embarcar el A380, Eric se quedó fritísimo en mis brazos, jajajajajajaa. Y siguió fritangas un buen rato en el avión… Por cierto, muy chulo esto de embarcar por el piso superior del A380, ver las escaleras de bajada al piso inferior… ¡es un avión enooooooorme!

Frito

Eric frito al subir al avión

El vuelo a Narita fue bastante bien. Es largo, por supuesto, pero no se nos hizo exageradamente largo (el de vuelta fue peor). Supongo que el cansancio, junto con el hecho de que es un vuelo «nocturno» ayudó a que durmiéramos y descansáramos más. Jugamos con los coches, vimos la tele, comimos, dormimos… eso sí, un detalle: la comida de Air France es bastante peor que la de KLM. Hasta el menú infantil de KLM le da mil vueltas al menú infantil de Air France. Lo cierto es que nunca he sido muy fan de Air France y sigo sin serlo, no me gusta esta aerolínea, pero bueno, tampoco me quejo.

Untitled

Eric durmiendo a pierna suelta

Finalmente llegamos a Tokio, desembarcamos de los primeros, pasamos rápidamente el control de inmigración y recogimos nuestro equipaje. Pasamos aduanas y nos fuimos directos a la zona del takyubin o envío de paquetes situada en la misma terminal del aeropuerto, desde donde mandamos por 3500¥ nuestras dos maletas grandes hasta el hotel en Kitakami, para que llegaran al día siguiente. Así, en el shinkansen, no tendríamos que sufrir por ver dónde colocábamos nuestras maletas, el cochecito, los bolsos de mano, estar pendientes de Eric… más fácil si mandábamos nuestras maletas por mensajería y llevábamos sólo una maletita de mano. Es un servicio genial, sinceramente. Por relativamente poco dinero puedes mandar lo que sea por todo el país. Totalmente recomendable. Ya lo utilizamos en el año 2007 (cuando nos recorrimos el sur de Honshu y Kyushu para subir luego a Tokio) y lo hemos vuelto a utilizar en este viaje, en cada uno de nuestros desplazamientos. Si sólo llevas una maleta y vas solo, a lo mejor no te interesa, pero a nosotros y especialmente por el precio tan competitivo que tiene, sí nos merecía la pena.

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Eric «leyendo» en el shinkansen. Aguantó como un jabato.

Después de dejar nuestras maletas, fuimos hacia la midori no madoguchi a recoger nuestros JR Pass. Había una cola larguíiiiiiiisima y estuvimos allí unos ¿40 minutos? Fue horroroso, porque estábamos todos muy cansados. Finalmente recogimos nuestros JR Pass y nos dieron billetes para el Narita Express a Tokio y para el shinkansen de Tokio a Kitakami. Corriendo, corriendo, nos subimos al Narita Express y una hora después llegamos a Tokio, donde cruzamos la terminal y fuimos a coger nuestro shinkansen hacia el norte.

Íbamos con el tiempo muy ajustado así que tuvimos que correr, pero lo conseguimos. Y ale, tres horitas de shinkansen que aguantamos más o menos bien, aunque ciertamente estábamos todos hechos polvo. Sobre las 19h hora local llegamos a Kitakami y fuimos hacia el hotel APA Kitakami Ekinishi a hacer el check-in y dejar las cosas en la habitación. Ahí nos esperaba nuestro módem mifi, que habíamos reservado para poder estar conectados durante las vacaciones, aunque no conectaba…

APA Kitakami Ekinishi

Eric y yo compartiríamos la cama de la derecha, ¡muy amplia!

Decidimos seguir peleándonos con el trasto de camino a la estación, ya que necesitábamos reservar billetes para ir al día siguiente a Aomori y buscar entonces algo de cenar. Sabíamos que si nos duchábamos y relajábamos acabaríamos fritos sin cenar, así que salimos tal cual, en plan «guarro», jajajajaja. Llevábamos mil horas despiertos (cerca de 24h) y estábamos cansadísimos, pero lo mejor para el jet-lag era cenar algo e ir a dormir a una hora normal, justo lo que hicimos. Y es que fuimos a la estación a reservar billetes de shinkansen para el día siguiente y justo enfrente vimos una izakaya con una carta interesante y decidimos entrar… y ahí cenamos.

El local era todo salas individuales de tatami con karaoke, aunque aquella noche nosotros sólo cenamos (ya cantaríamos otro día, jejejeje).  Lo cierto es que cenamos muy bien. Pedimos arroz blanco para Eric (¡su favorito!) y una especie de deconstrucción extraña del okonomiyaki que estaba deliciosa, además de unas salchichitas (supuestamente para Eric) y una especialidad de la zona, lengua de vaca (supuestamente para nosotros). Como habréis podido adivinar, Eric acabó prefiriendo la lengua de vaca (jajajajaja, es un niño raro) a las salchichas, que al final tuvimos que comernos nosotros :D

Nama-biru... cervezaaaaaaa

Nama-biiru, cerveza, vamos. Bien fresquita, ñam!

Con el estómago lleno y muy cansados, pero felices de que todo hubiera salido bien, nos fuimos paseando hacia el hotel, donde nos dimos un baño, solucionamos el tema de la mifi y nos fuimos a dormir sobre las 23h. Y no nos despertamos hasta que sonó el despertador a las 8h de la mañana siguiente, ¡perfecto! Y así, sin más, superamos el jet-lag. Ole, ole.

Siguiente crónica: Día 1: Aomori y Nebuta Matsuri

Un beso,

Laura, Luis y Eric

p.d. Por cierto, tenéis todas las fotos del día 0 aquí.

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