Ahí va la tercera y última crónica del viaje a NYC y Washington DC…

Martes 4 de abril
Desayunamos tranquilamente en el hotel, hacemos el check-out y salimos a coger un taxi. De la nada, aparece alguien con un coche muuuuuuy chulo (el típico Lincoln con tapicería de cuero), diciendo que es un taxi, pero desde el hotel de al lado un taxista -de verdad- le grita al conductor del coche chulapo y nos dice que no es un taxi de verdad, que cobra más a los clientes porque es una limusina (aunque corta) y que encima es ilegal y blablabla. Total, que compartimos este taxi con una chica que va a una convención, ya que según la normativa de taxis en Washington esto se puede hacer siempre que los dos destinos no estén separados más de cinco kilómetros o algo así… jejejeje. Finalmente, llegamos a la estación de bus antes de tiempo, así que intentamos subirnos al bus que salía una horita antes que el nuestro, pero nos dicen que si queremos hacer eso tenemos que pagar 10$ por el cambio de billete. ¡Sí hombre! Así que nada, a esperar, que la economía ya está más que sumergida a estas alturas :D Finalmente, a la hora que indica nuestro billete, subimos al bus y nos vamos directamente y sin problemas a NYC. El viaje no se hace nada pesado y además nos ponen una peliculita muy chorra pero bastante divertida (del Ben Stiller con la Drew Barrimore), así que se pasa más rápido todavía.

A las 15h, llegamos puntualmente a NYC. Vamos andando hasta el hotel (son unas pocas callejuelas que tenemos que subir, ya que la estación de buses está muy cerquita). Hacemos el check-in otra vez y subimos a la habitación a dejar nuestras cosas. Se nota que sólo nos quedamos un par de noches, porque nos han dado la habitación más pequeña de todas, :((( En fin… Para alegrarnos (excusas, excusas) vamos al tkts de Times Square y compramos dos entradas al 50% de descuento para ver The Phantom of the Opera a las 19h, porque nosotros lo valemos. Yeeeeeeeeeeey. Y mirad, mirad cuántos carteles de musicales y obras de teatro hay en Times Square, es impresionante (esta foto está tomada el día siguiente, por eso no os extrañéis si veis nieve, jejejeje):

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Entre unas cosas y otras se nos ha hecho tarde y no hemos comido nada, así que decidimos ir a un Yoshinoya, una cadena de comida rápida japonesa, a tomarnos uno de sus famosos gyudon (podéis ver la receta de un gyudon rico rico de verdad en http://japonismo.com), que es un bol de arroz con ternera y cebolla, tipiquísimo japonés, que resulta ser bastante decepcionante… ¡a nosotros nos sale más rico! ^_^…

Al salir, paseamos un poco por las avenidas 8 y 9, donde descubrimos una Nueva York muy «pueblerina», con tiendas viejísimas de esas típicas de barrio o de pueblo, mucho inmigrante con sus restaurantes especializados pero muuuuuuy cutres, en fin, otro mundo justo detrás de la brillante Times Square. Bajamos tranquilamente hasta llegar a la tienda de fotografía preferida de Luis, B&H Photo Store, la más grande del mundo!!!… Entramos, damos una vuelta, trasteamos, miramos trípodes, rótulas de bola, pero no compramos nada. ^_^

Al rato, subimos al hotel, nos cambiamos y arreglamos (el Fantasma es un musical serio y hay que ir guapetones jejejejeje) y… ¡Al teatro! Ahí nos sentamos al lado de dos señoras británicas con las que habíamos coincidido un día por la mañana, a la hora de desayunar, en un bar de Times Square. Ellas se acuerdan de nosotros y nos preguntan que qué tal, que de dónde somos, etc… ¡qué casualidad! Por cierto, las entradas del Fantasma brutales… lo vemos desde muy cerquita, pero con un poco de altura, de manera que la visión es fantástica… ¡y vaya lámpara! ¡vaya decorado! ¡vaya escenario! Es todo enooooooooooooooorme, incréible, fantástico y maravilloso, ^_^.

Miércoles 5 de abril
Nos levantamos tardecito, ¡estamos cansadooooooos! Jejejeje… pero hoy es un día dedicado a las compras, queremos ir a la librería japonesa Kinokuniya, que está muy cerquita de nuestro hotel, justo en el complejo de edificios del Rockefeller Center. El día ha amanecido nublado, aunque no hace mucho frío pero nadie se esperaba lo que llega justo después de tomarnos un café en una cafetería de la zona: ¡está nevando! ¡Y venga nieve y más nieve y más nieve! A ratos los copos son grandotes, a ratos los copos son más pequeños… ¡pero qué sorpresa! Todo el mundo comenta lo raro que es, sobre todo teniendo en cuenta los días maravillosos que nos ha hecho (con sol, nada de nubes y temperatura más que agradables), pero nieva y nieva y nieva más hasta por la tarde… ¡unas cuantas horitas!

En fin, nosotros corremos de la cafetería a la librería y allí nos quedamos muuuuucho rato, viendo nevar y sentados en unos bancos especiales que tienen, hojeando varios libros y revistas. Al final compramos un montón de libros sobre la sociedad japonesa y de cocina, alguna revista con un especial sobre geishas… bueno, lo típico, que nos gastamos la pasta que da gloria verlo. No encontramos un libro para nuestro amigo Jesús, así que vamos a la cercana librería Barnes & Noble y ahí sí lo pillamos (Physics of Star Trek, será friki el tío! :DDDD)

Y sigue nevando… Así que vamos al hotel a dejar las cosas y de paso, a cambiarnos de ropa (Lau iba en minifalda la pobre, ¡el primer día que se pone minifalda y nieva sin previo aviso!) y ale, nos acercamos a Times Square, a hacernos alguna foto bajo la nieve, jejejeje. Aquí tenéis a Lau, toda preparada para la ocasión:

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Ya que estamos en Times Square, y ya que estamos hechos polvo, y que está cayendo una buena, nos acercamos a las ventanillas de tkts y caemos en la tentación de comprar entradas para un último musical: The Producers, esta vez en la sesión matineé (si es para resguardarnos de la nieve, hombre, que no es porque tengamos mucho vicio con los musicales ^_^…) Así que damos una vuelta tranquilamente por la zona, comemos algo y al teatro… ¡Qué divertido es este musical! Si ya nos reímos con la película, verlo en directo fue brutalmente divertido… ¡no paramos de reír en ningún momento! Y sobre todo con las fantásticas entradas que tenemos, desde la mezzanine o anfiteatro, que te da una perspectiva fantástica de todo el profundo decorado. Como curiosidad, el actor que hacía el papel de Roger DeBris (el nombre ya es una coña, porque es un director desastroso), es el mismo que el del reparto original, que ganó el Tony (el Oscar teatral) y que además hace el mismo papel en la reciente versión cinematográfica (que lamentablemente sólo duró dos semanitas en las carteleras españolas).

Al salir, paseamos otra vez por la zona, mirando tiendecitas y comprando cositas de Broadway… hasta que fue la hora de cenar algo: comimos una especie de kebab (un gyros, para ser precisos) y ale, a descansar, viendo un programita en la tela que nos ha enganchado «Top Chef», una especie de Gran Hermano para cocineros, pero en el que no sale nada de la convivencia, sino sólo los retos gastronómicos que les ponen y cómo los resuelven. No veáis cómo engancha!

Jueves 6 de abril

Después de hacer el check out y organizarlo todo para coger un bus-taxi directamente desde el hotel al aeropuerto, vamos a pasear por la zona más pija de la Quinta Avenida, desde Central Park hacia el sur. Y bueno, ya os podéis imaginar, que si Tiffany’s, que si Dolce & Gabanna, que si Donna Karan, que si Giorgio Armani, que si Gucci, que si Versace, que si Prada, que si Valentino… En fin, no hemos visto más pijerío en toda nuestra vida (ni tiendas más grandes, de hasta tres pisos, más vacías :P)

Hace un día espléndido y se pasea maravillosamente bien por la Quinta Avenida, de manera que empezamos a andar, pensando que pronto encontraremos una boca de metro, pero al final… ¡Cruzamos todo el Midtown! Pasamos el Rockefeller Center, la biblioteca pública, el Empire State Building… y nos damos cuenta de que hemos andado demasiado cuando llegamos a uno de los edificios más famosos de la ciudad, el Flatiron (que en nuestra guía ya sale en el mapa de downtown, ¡no midtown! Este edificio, construido en 1902, es famoso por su extraña forma triangular… mirad, mirad (es el del fondo a la derecha, que la del primer plano no es extraña! :P):

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Cansados de tanto andar, cogemos el metro y nos acercamos al Soho, concretamente al Apple Store, a comprarnos un iPod nano para Laura, que la pobre pasa muchas horas en el transporte público, y así se le hará un poco menos duro. Trasteamos un poco en la tienda (nos conectamos a Internet, vemos el correo, etc.) y finalmente paramos a tomar algo en un Starbucks y así probar el trasto que acabamos de comprar.

Damos una vueltecita por el Soho, paramos en un restaurante mexicano a comer y de vuelta al hotel en metro, donde recogemos las maletas y esperamos a la furgo que nos llevará, junto con cuatro personas más, al aeropuerto. Llegamos al JFK con tiempo de sobra, hacemos el check-in sin tener que esperar, tampoco hay colas para el control de equipajes… ¡es fantástico! La razón es que la terminal (que no el aeropuerto, que tiene un montón de terminales) es bastante pequeña, de manera que no tienes que esperar mucho para hacer todos los trámites… Con puntualidad, embarcamos con la agradable sorpresa de ver que el chico del check-in había hecho bien su trabajo y nos había puesto en salida de emergencia (así Luis puede estirar las piernas) y ale… ¡a volar! Intentamos dormir, pues se supone que es un vuelo “nocturno”, aunque ninguno de los dos podemos y acabamos viendo la película “Walk the line”… tomamos algo, comemos… y unas cuantas horas después aterrizamos en el satélite de la T4 de Barajas… Cansadísimos, pero muy contentos: ha sido un viaje espectacular.

Nos han quedado muchas cosas por ver y por hacer, tanto en NYC como en DC, así que la conclusión del viaje es que… ¡habrá que volver! :))))))

Besiñus
Lau y Luis

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