El viernes pudimos disfrutar de una tarde-noche de pareja, de esas románticas que tanto cuesta conseguir cuando tienes un pequeñajo. Le pedimos a mi madre que viniera a cuidar de Eric y nos fuimos a ver uno de nuestros musicales favoritos, Los Miserables, y de cena romática a La Taberna del Alabardero.

Dejamos a Eric vestido de chulapo dando paseos con la iaia y a las 18h nos fuimos al teatro Calderón, en plena Gran Vía, para ver la versión española y actualizada de Los Miserables, uno de los musicales más maravillosos que existen y existirán jamás ^_^.

Los Miserables

Y es que… no defrauda en absoluto. Es el montaje del 25 aniversario (y yo estoy acostumbrada a montajes anteriores, que son los que hemos visto en Londres y Nueva York, además de en DVDs) y cuesta cada céntimo de lo que pagas. Merece mucho no, muchísimo la pena. Los actores en su totalidad son impresionantes… ¡qué voces! Como dato curioso decir que en el intermedio dos de ellos estaban firmando CDs en el lobby del teatro, así que pudimos charlar un par de minutitos con ellos, muy simpáticos. Gerónimo Rauch como Valjean y Ignasi Vidal como Javert me encantaron, así como Virginia Carmona en el papel de Fantine y Talía del Val como Cosette; Enrique R. del Portal y Eva Diago como Monsieur y Madamme Thenardier estuvieron espectaculares (sí, es cierto que son dos papeles de caramelo pero probablemente por ello muy complicados también, ya que si la cagas se nota el doble) además de Carlos Solano como Enjolras está muy muy bien (y ese chico gana de cerca, que es uno de los que nos firmó el disco, jijijiji). Quizá si tengo que destacar dos papeles que me parecieron un poco más flojos (entendedme, no digo que lo hagan mal, ¡en absoluto!, sólo que en comparación con el resto se me quedaron cortos) fueron Guido Balzaretti como Marius (¿o seré yo ya que le tengo un poco de tirria al personaje?) y Lydia Fairen en el papel de Eponine (es uno de mis personajes favoritos y pensé que no llegaba al nivel… de hecho en una de las canciones del final, Fantine se la comió con patatas).

Otra cosa a destacar para mí es la iluminación, que pocas veces se tiene en cuenta pero que aquí me dejó flipadísima y creo que se merece una mención especial. Los juegos de luces y sombras estaban controladísimos en todo momento y ayudaban a meterte en la historia y desde luego no se perdían en ningún instante. Ah, y el vestuario también es espléndido, da gusto.

Y algo muy muy muy importante, la traducción. Sí, soy traductora y no puedo evitarlo, siempre acabo hablando de las traducciones y es que… ¡me sé las canciones de memoria en inglés así que es lógico! En general me gustó mucho, aunque es cierto que en algunos momentos ciertas expresiones parecen estar metidas con calzador. Algo que sí me sorprendió fue la crudeza de la traducción de Lovely Ladies. En inglés siempre me ha parecido muy witty, muy desenfadada y no tan cruda como en español, desde luego. Creo que ahí el traductor se pasó un poco… al menos para mi gusto.

Otra cosilla es el escenario y los decorados. Los Miserables nosotros siempre lo hemos visto con el montaje original de escenario giratorio, que le da una perspectiva y un movimiento brutal a la obra. Y aquí, en general, lo noté todo más «estático», no sé si porque no era un escenario giratorio o porque era un escenario muy pequeño por lo que necesita la obra… ¡y eso que el del Calderón es uno de los más grandes de Madrid! En muchos momentos los decorados parecían apegotonados, faltaba espacio y eso contribuía a esa sensación de no-movimiento que decía antes. Una pena.

Finalmente me pregunto… ¿qué pasa con la tos y el teatro? ¿Te entra tos cuando estás en el teatro? ¿Por qué siempre hay alguien tosiendo en todo momento, siempre? Es algo que me alucina. Y ya no hablo de la gente que se da besitos sonoros (la pareja de mi lado… está bien quererse, pero dudo que vieran algo; el cine les hubiese salido más barato, coñe), rebusca en su bolso la bolsa de caramelos (la mujer del lado de Luis), desenvuelve mil doscientos cuarenta caramelos en 5 minutos (la chica que estaba a mi lado)… ¡y esta vez no sonó ningún móvil! ¡Milagro! En fin, que a veces me pregunto por qué la gente paga para ir al teatro, la verdad…

Bueno, que me lío. Que Los Miserables me encantó y os recomiendo a todos ir a verla pero mucho mucho mucho. De verdad, no os arrepentiréis. Cuesta cada céntimo.

Al salir, fuimos paseando tranquilamente hasta La Taberna del Alabardero donde teníamos pactado un menú degustación sorpresa, gracias a Luis que habló con ellos… ¡y vaya menú, señores! Tapita de jamón primero y después como entrantes: carpaccio con parmesano, foie con plátano frito, erizo de mar con txangurro y salsa de txakolí y setas con yema de huevo. Cada uno de los entrantes estaba espectacular y la cosa iba in crescendo (terminaba ese plato y decía que era mi favorito). De hecho, cuando terminé el erizo pensé que era lo mejor que había comido en mi vida… pero cuando llegaron las setas, ya sólo su olor, me enamoró… ¡estaban deliciosas! Pagaría millones sólo por otro plato de esas setas, ñam, ñam.

Aquí me tenéis con el erizo limpito limpito… ¡ni una manchita dejé!

La Taberna del Alabardero

Y aquí una demostración de lo delicioso que me pareció ese plato (vale, sí, y de lo rico que estaba el vino también):

Luego de segundo disfrutamos primero de rape con carabineros (espectacular es poco) y de rabo de toro estofado (simplemente maravilloso).

La Taberna del Alabardero

De postre pudimos probar la torrija de la casa y un canutillo relleno de crema, buenísimo. Eso sí, yo estaba que ya no podía más… ¡qué hartón de comer y de beber! De hecho, volver a casa andando tranquilamente me sentó bien… necesitaba bajar tanta comida y tanta bebida.

En fin, fue un buen viernes. Gracias a mi mami por hacernos de canguro y a Luis por organizar la cena…

Besos

Lau

 

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