Dos en uno. Los dos últimos días de nuestra estancia en DC en un único post, pero las circunstancias no me dejaron escribir cada uno por separado en su momento, así que me pongo ahora, que todavía está «fresco» en mi mente y escribo los dos a la vez. Allá voy.

Día 10
Bajamos a desayunar como siempre y al subir, mientras arreglábamos las bolsas y demás, Eric se quedó frito fritísimo en el sofá. Se notaba que todavía no estaba al 100%, el pobre. Así que le dejamos dormir… y dormir… y dormir… hasta que se despertó a la hora de comer. Sí, durmió toda la mañana, pero señal que lo necesitaba.

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Total, le dimos de comer en el hotel mismo y salimos a dar un paseo y a buscar algo que comer. El plan era comer un perrito caliente al estilo de Washington (con chili con carne por encima), pero el mejor sitio estaba bastante lejos en metro y ya era tarde, así que cambiamos el plan y decidimos bajar por Pennsylvania Avenue en dirección a la Casa Blanca, tranquilamente, sin prisas, ya encontraríamos algo. Y a mitad de camino encontramos una conocida cadena de hamburguesas: Johnny Rocket’s y para allá que entramos a tomar una hamburguesa más… ¡y qué ricas! Eso sí, para mí no superó a la de Ray’s Hell Burger ni quizá a la del Spike, pero no estaba mala ^_^

Al salir, seguimos con nuestro paseo por una de las avenidas más importantes de la ciudad, la avenida de Pensilvania. Multitud de oficinas, el banco mundial, el fondo monetario internacional y mogollón de gente trajeada y con sus tarjetas identificativas colgadas del cuello. Eso sí, de vez en cuando te encuentras con edificios antiguos, de arquitectura victoriana típica de la ciudad, que sorprenden allí en medio. Muy chulo el paseo.

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Y llegamos a la Casa Blanca que como siempre estaba a tope de gente, pero como novedad vimos a un súper policía (con mogollón de armas de esas que hacen mucha pupa) con su súper perro (con bozal, eso sí) paseando por el césped de la entrada de la casita de los Obama. Eso sí, el poli parecía majo, porque se paró a hablar con algunos turistas nacionales con toda naturalidad – era una estampa bastante cómica, la verdad: el policía con millones de armas colgadas de su cuerpo hablando informalmente con gente al otro lado de la verja. Desde luego, hay cosas que sólo los americanos pueden hacer. También me fijé por primera vez (las otras veces no me había fijado, será) que había otro policía encima de la Casa Blanca, también cargado con multitud de armas y con un telescopio súper pepinaco con el que nos iba mirando de vez en cuando. ¿Qué miedo, no?

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Desde allí, fuimos al The White House Visitors Center, que prometía mucho y al final fue un poco bluff. Ponen la historia del edificio en fotos, imágenes curiosas de todos los presidentes que han pasado por allí, vajilla y mobiliario de alguna época presidencial, etc, y no está mal, pero yo sinceramente me esperaba mucho más. Creo que poner un vídeo en plan «visita virtual» de la Casa Blanca tal como está en la actualidad sería súper interesante, por ejemplo. No sé, es un centro muy muy muy 1.0, por decirlo de alguna manera.

Al salir, decidimos ir al National Mall y tumbarnos un rato en el césped que tanto le gusta a Eric. Y allí le dimos la merienda y estuvimos jugando un ratito más, hasta que decidimos volver paseando hasta el hotel de vuelta. Fue un paseo largo pero muy chulo, cruzando toda la zona del Downtown y del Midtown, algo que nos encanta hacer: pasear sin la idea de ver nada concreto, simplemente pasear y verlo todo.

Céeeeeeespeeeeeeeeed ^_^

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Autofoto con mamá en el National Mall:

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Y poco más, Eric se quedó dormido en mis brazos, en el sofá del hotel, durante más de dos horas, razón principal por la que no pude escribir el post en su momento; así que nos lo tomamos con calma, vimos Top Chef y poco más :)

Día 11
Último día en Washington. Después de desayunar, mientras yo hacía las maletas, Eric se quedó frito en nuestra cama, así que naturalmente nos lo tomamos con mucha calma. Me dio tiempo a terminar maletas, a leer y a ver cómo papá e hijo dormían plácidamente en la cama… ¡de tal palo tal astilla!

Cuando el bichito se despertó, le empezamos a dar la comida, pero el peque no estaba por la labor y ya era algo tarde, así que decidimos salir, dejarle que se desperezara y darle la comida en el restaurante. A Luis le apetecía decir adiós a la ciudad en una steakhouse y encontramos una relativamente cerca del hotel, The Prime Rib. Entramos sin saber cómo era y… ¡vaya shock! Un sitio híper-súper-mega puesto con camareros con pajarita y un señor tocando el piano… ¡el piano! Madre mía y nosotros con vaqueros y no muy limpios… y Luis con su camiseta de Chewbacca con rulos… totally underdressed! Pero en la entrada ponía claro que para el lunch el estilo era casual (para el dinner sí que hacía falta ir con americana) y no nos dijeron nada, así que sin problemas, pero lo cierto es que al principio nos sentimos totalmente fuera de lugar. Pero bueno, le dimos de comer a Eric entre políticos y hombres de negocios trajeados que hablaban de cosas serias en esas power lunches, ^_^, e intentamos disfrutar de la comida. Y la comida estaba muy rica… ¡mucho! Compartimos un crab cake de primero y de segundo Luis se pidió el fillet mignon y yo el menú de Acción de Gracias que ofrecen todos los jueves: pavo con su gravy, salsa de arándanos, puré de calabaza y verduritas… ¡las botacas me puse! Pero qué rico, madre mía… De postre compartimos un bread puding con salsa burbon que estaba espectacular. Salimos de allí con serios problemas para andar, ^_^. Tanto, que decidimos sentarnos en un parque próximo a hacer la digestión, jajajajaja.

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Luego fuimos a un Starbucks a tomar algo y de vuelta al hotel a recoger las maletas y cargarlo todo en el taxi para ir al aeropuerto. De camino, le dimos la fruta a Eric (sí, en el taxi) y cuando llegamos al aeropuerto facturamos enseguida (no había nadie) y sin problemas (una maleta pesaba 16 kilos y la otra 24 y el chico de facturación pretendía que las abriera y pasara ese kilo de más de una a otra, así que puse mi mejor cara de «niña buena» y le dije si no podía hacer la vista gorda… y la hizo, ^_^). Pasamos el control de seguridad sin mayor problema también; naturalmente abrieron la bolsa de Eric, que llevaba agua, potitos y demás, pero como Eric le regaló una sonrisota enoooorme a la señora agente que la revisaba, fue un plis-plas, ni un problema. Y nada más, cogimos trenecito hasta las puertas B, nos fuimos a la nuestra, esperamos un buen rato (y buscábamos wifi gratuitas como tontos), entramos en el avión de los primeros (y sí, Iberia por fin nos dio lo que habíamos pedido meses antes llamando por teléfono, dos asientos juntos con cuna, justo detrás de la zona de business… qué rabia da ver esos asientos, vacíos en su mayoría, tan cerquita, ^_^) y pasamos el vuelo como pudimos. Eric tenía muchísimo sueño pero el pobre no se podía dormir, estaba rabioso con los dientes y como había mucha luz y mucho ruido (que sí la cena, que sí los teses y los cafeses, que si los teses y los cafeses otra vez, que si el duty free) pues no se dormía ni a la de tres. Ni en la cuna ni en brazos ni en ninguna parte. Cuando apagaron las luces, al fin, intentamos que se durmiera pero estaba extremadamente molesto con las encías, así que le dimos un poco de apiretal y eso le calmó y le ayudó a dormirse. Se durmió en mis brazos, lo pasamos a la cuna pero al rato le tuvimos que sacar otra vez porque se despertaba. A mis brazos otra vez. Y como pasamos por zona de turbulencias, le tuvimos que poner el cinturón y al final en mis brazos se quedó hasta que aterrizamos. Fritísimo estaba, el pobre. A la vuelta, en el taxi, Eric estaba que no podía más, se notaba que estaba exhausto.

Eric esperando en la puerta de embarque, medio frito:

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Eric al aterrizar, frito del todo:

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Siestecilla en casa, intentando superar el cansancio y el jet lag:
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Así que llegamos a casa, le dimos algo de comer y le pusimos a dormir mientras nosotros deshacíamos maletas y organizábamos un poco la casa con esa sensación que siempre se te queda cuando vuelves de unas vacaciones maravillosas. Porque esto es lo que has sido estos días en Washington DC: unas vacaciones maravillosas en familia, muchos días juntos, los tres juntos, 24 horas al día jugando, sonriendo, comiendo, durmiendo, descubriendo cosas… una maravilla que ya tenemos ganas de repetir.

Las vacaciones, con Eric, son mejores todavía que las de «solteros» :)

Besos,
Lau (y Luis y Eric)

PD. El último título no podía ser otro, «el estado de la unión» :))))

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